El País
El Tribunal Supremo ha cerrado la puerta a que, con carácter general, los empleados públicos que hayan sufrido un encadenamiento abusivo de contratos temporales puedan convertirse en fijos sin haber superado un proceso selectivo. En una sentencia hecha pública este martes, el pleno de la Sala de lo Social sostiene que permitir esa conversión vulneraría los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, además de impedir el acceso al empleo público al resto de ciudadanos. “La contratación temporal (…) sin superar un procedimiento de acceso al empleo público (…) no permite que esos trabajadores adquieran la condición de fijos”, señala el fallo.
No obstante, el alto tribunal sí admite la conversión en fijos en un supuesto muy concreto: el de aquellos trabajadores que hayan participado en una oposición o un concurso-oposición con pruebas eliminatorias, hayan demostrado su capacitación y, pese a ello, no hayan obtenido plaza por falta de vacantes, continuando posteriormente con contratos temporales de forma abusiva. Quedan así excluidos los empleados que accedieron mediante concursos de méritos, bolsas de trabajo u otros procesos sin pruebas eliminatorias.
La sentencia se dicta en consonancia con el pronunciamiento del Tribunal de Justicia de la Unión Europea del pasado 14 de abril, que cuestionó si la normativa española sanciona adecuadamente el abuso de la temporalidad en el sector público. Frente a esa crítica, el Supremo considera que las medidas adecuadas pasan por el pago de indemnizaciones y por la remisión del caso a la Inspección de Trabajo para que inicie procedimientos sancionadores. El Gobierno, por su parte, interpreta el fallo como una ratificación de la doctrina ya consolidada por el propio tribunal y alineada con el criterio del Tribunal Constitucional.
El Papa León XIV, durante su visita a España, ha acudido al Congreso, ha oficiado una misa masiva en el centro de Madrid, ha visitado la sede de la Conferencia Episcopal Española, y a las víctimas de abusos cometidos por curas, sacerdotes o miembros de la Iglesia, les ha ofrecido un encuentro privado. Pero, no a todas. “Nos mareaban un poco. No han sido honesto en ese sentido de decir: ‘oye, pues no nos escribas porque no te vamos a recibir’”, cuenta Ciro Molina, víctima de abuso por parte del cura de su parroquia y portavoz de la Asociación Infancia Robada (ANIR), sobre las respuestas recibidas a sus cartas e emails solicitando ser parte de ese grupo de víctimas que pudo verse en privado con el líder de la Iglesia. EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.
La España que recibe a León XIV es menos católica que nunca. La pérdida continuada de fieles se ha visto acompañada por un descenso de vocaciones y sacerdotes y dibuja una Iglesia más pequeña y envejecida que la que conocieron Juan Pablo II o Benedicto XVI. Sin embargo, pocas instituciones conservan hoy la capacidad de movilizar recursos, ocupar el espacio público y detener el ritmo cotidiano de una capital como todavía lo hace la Iglesia.
Claudi Pérez lleva más de un cuarto de siglo dedicado al oficio del periodismo y este jueves ha publicado su primer libro. Las invasiones bárbaras (Debate) es una interpretación de un presente que Pérez analiza desde Bruselas, Barcelona, Madrid y los principales escenarios del reguero de crisis de los últimos tiempos, entre las que sobresale la Gran Recesión de 2008, que nos legó un silogismo perverso: “La ira procede de un sistema político que predica la igualdad y de un sistema económico que genera desigualdad”. Para debatir sobre este ensayo, Babelia ha propiciado una conversación entre tres referentes de este periódico: Andrea Rizzi, corresponsal de Asuntos Globales, Amanda Mars, corresponsal de Asuntos Económicos y exdirectora de Cinco Días, y el propio autor: Claudi Pérez es corresponsal Internacional y ex director adjunto de EL PAÍS. El volumen es “un retrato de lo ocurrido en este primer cuarto de siglo”, y al tiempo “un intento de luchar contra el catastrofismo”, en palabras de Rizzi. Grabación y Edición: Nicolás Tsabertidis