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Maruja Torres, periodista incombustible; opinadora insobornable; escritora como
única forma de entender el mundo y de explicarse en él, acaba de publicar un
testamento vital, en el que apela a la alegría de vivir; al placer de
abandonarse al cine, "Prefiero una mentira bien contada en una sala de cine de
barrio que un fragmento de insoportable realidad"; a las comidas con los amigos,
al recuerdo de los ausentes, siempre Terence y Vázquez Montalbán" entre ellos,
al sexo, los viajes y, por supuesto y, pese a todo, al periodismo. Todo eso se
encuentra en "Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo" (Editorial
"Temas de hoy").
Después de haber puesto a caldo a todo el mundo este verano, le toca a la Charca. Abrimos El Confesionario, y todo el equipo va a confesarse. Todos tenemos un placer culpable, todos somos charca.
La escritora Marta Jiménez Serrano hará un viaje literario a través de los siete pecados capitales y nos presentará a profesionales claves para que un libro exista y que no son ni escritores ni escritoras. El octavo pecado ya tiene nombre. Y quizá sea, como dijo Cicerón, la madre de todos los vicios. Después de semanas preguntando al libreros, agentes literarias, bookstagramers, coordinadores y diseñadores del mundo de la literatura, también a los oyentes, llega por fin la respuesta a... ¿qué vicio debería completar la lista?. Es la ingratitud la encargada de ocupar el puesto de octavo pecado. De la soberbia a la envidia, pasando por la gula, la pereza o la ira, Marta y Pedro recorren las distintas formas de ser un desagradecido y se preguntan qué diferencia hay entre dar las gracias por educación y agradecer de verdad. Con Esopo, Delphine de Vigan y una buena colección de canciones como acompañamiento, descubrimos por qué convertir un regalo en un derecho puede ser uno de nuestros peores pecados.Y para cerrar esta aventura, una invitada que sabe mucho de ingratitudes. Noelia Olbés, jefa de prensa editorial, que cuenta cuáles son las partes más ingratas de su trabajo y qué libro regalaría a alguien para darle las gracias y para decirle, elegantemente, que es un desagradecido.