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Maruja Torres, periodista incombustible; opinadora insobornable; escritora como
única forma de entender el mundo y de explicarse en él, acaba de publicar un
testamento vital, en el que apela a la alegría de vivir; al placer de
abandonarse al cine, "Prefiero una mentira bien contada en una sala de cine de
barrio que un fragmento de insoportable realidad"; a las comidas con los amigos,
al recuerdo de los ausentes, siempre Terence y Vázquez Montalbán" entre ellos,
al sexo, los viajes y, por supuesto y, pese a todo, al periodismo. Todo eso se
encuentra en "Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo" (Editorial
"Temas de hoy").
Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, dijo de pronto Ursula von der Leyen, quizá creyendo -creyendo en serio- que Europa había guardado ese orden cuando ella misma fue al campo de golf de Trump a firmar con él el acuerdo comercial. O que lo había guardado frente a un genocidio que se practicó ante los ojos del mundo. Y no ha pasado nada.
El libro de Guillén revela que el Patronato fue una institución represiva de la libertad femenina que no se encuentra en los archivos de la memoria histórica. Este sistema de castigo y trabajos forzados para mujeres descarriadas subsistió hasta 1985 sin que se haya reivindicado a sus víctimas. Su olvido oficial evidencia que, mientras el pasado contiene todo lo sucedido, la historia solo guarda aquello que decidimos recordar.
El análisis de actualidad económica, todas las mañanas a las 07:30.