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La empresa del crucero con un brote de hantavirus ha confirmado que 30 personas de 12 nacionalidades se bajaron del barco en la isla de Santa Elena. Desde allí regresaron a sus países o continuaron viajando. Una azafata que atendió a una de esas pasajeras está ingresada en Países Bajos con síntomas. De confirmarse su contagio, sería el primer positivo no relacionado con el barco. El Gobierno ha decidido que el crucero finalmente no atraque en un puerto español y fondeará frente a Tenerife, como exigía el presidente canario. Y el Gómez Ulla reunirá a sus trabajadores para explicarles cómo será el protocolo cuando vez lleguen a Madrid los 14 españoles.
Félix Bolaños no solo es ministro de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes. Es también seguidor acérrimo del Rayo Vallecano. No es raro verle de vez en cuando, cuando su agenda se lo permite, por el Campo de Vallecas. Según él mismo explica en Hoy por Hoy, desde pequeño, cuando nació y se crió en un barrio del sur de Madrid, ha mirado al Rayo con ojos especiales. Reconoce que le encantaría ir a la final, aunque tendrá que cuadrar agenda, y asegura que no puede haber nadie en España al que le caiga mal el Rayo.
Ahora nos faltan líderes así, que hablen por el mundo y para el mundo. Trump, Putin y Xi parecen una galería de villanos de Bond: les preocuparán sus egos y sus egoísmos, sus obsesiones políticas particulares, pero poco o nada el resto del planeta.
El Gobierno se ha prestado a acoger en Canarias al barco con algunos afectados por hantavirus y la oposición, especulando groseramente con la memoria de la incomparable crisis de la covid, acusa al gobierno de irresponsable. Alimentar el pánico como estrategia política es un ejercicio de irresponsabilidad e ignorancia que solo genera confusión, que no forzosamente beneficia al que se columpia en el ruido. El oportunismo es una demostración de impotencia y no siempre gana.