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La discusión sobre la acogida de los cruceristas revela la degradación de la política y cómo el miedo hace que la ética sucumba ante el cerebro reptiliano. El rechazo al de fuera, sea rico o pobre, demuestra que la territorialidad se impone a la empatía. Al final, ante el miedo, actuamos como reptiles que abogan por la mano dura en lugar de la humanidad.
Un pasajero estadounidense, primer positivo por hantavirus entre los repatriados del crucero que ayer fondeó en la costa de Tenerife. El afectado no presenta síntomas, pero ha dado positivo en la prueba PCR que se le ha realizado. En Francia, están pendientes de la evolución de otro ciudadano que presenta síntomas compartibles con el brote. Las mujeres de Barcelona y Alicante que están aisladas han dado negativo. El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, levantó la polémica con el desembarco del crucero y aseguró que ratones contaminados llegarían a nado a la costa. Sanidad desmintió las declaraciones con un informe técnico. Y el PP acaricia la mayoría absoluta en las elecciones de Andalucía del 17 de mayo con más del 43% de los votos, según la encuesta de 40dB para la Ser y El País.
Bienvenidos al teatro del absurdo, donde el nivel de la política ha caído del suelo hasta el subsuelo entre ratas nadadoras y lecciones manipuladas. Nos precipitamos por el territorio de la idiotez y la frivolidad, enfrentados a una mala pesadilla de la que es imposible despertar. Lo que queda es la certeza de unos líderes dando tumbos sin sentido en una mezcla de antipatía y falta de miras.