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Hoy la prioridad es atender a las víctimas y ayudar a los territorios devastados. Pero hay otra, tan importante como urgente, que es entender de una vez por todas lo que la ciencia lleva años señalando. Que la crisis climática convierte en más frecuentes y virulentos los fenómenos extremos como sequías, tormentas, huracanes o DANA. Y que esto nos obliga a repensarlo todo, al menos en dos direcciones. La primera, adaptándonos de forma urgente a la nueva realidad. La segunda, más de fondo, pero inaplazable, es una aceleración de la transición ecológica.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre las reacciones políticas tras el accidente ferroviario de Adamuz: de la tregua de los dos primeros días a la crispación posterior.
Cuando se producen tragedias como la que ahora nos duele, cuando el mundo que conocíamos se pone cabeza abajo sin que nadie sepa qué hacer; incluso cuando se cocina a fuego lento el genocidio en Palestina, echó en falta ser joven y periodista con solo el hecho de informar. La única manera de sustituir esa sensación pienso que ser buen ciudadano, es el único modo de soportar medianamente a la aflicción. En estos días aciagos estamos bastante jodidos quienes no podemos ni siquiera donar sangre.
Las claves del día nos hablan de nuestra propia vulnerabilidad. La primera de ellas en las 42 víctimas mortales; la vida se acaba en una recta donde nada hacía presagiar que estaba esperando la muerte a tanta gente. En las imágenes de ese tren todos hemos visto la vulnerabilidad de la vida humana. La segunda de ellas tiene su eco en la reunión en Davos (Suiza) donde un matón llegó a la Casa Blanca y rompió el propio Derecho Internacional. Se discute cómo encontrar una salida a un momento de vulnerabilidad global.