SER Podcast
Tenemos el deber, sin duda, de explicarnos a nosotros mismos qué ha sucedido en Valencia. Pero no hay un solo recurso en la elocuencia que pueda añadir nada sobre las torrenteras abiertas, la tierra rota por las aguas, tanta furia de la geología. Tanta muerte. El dolor nos vence así: arrebatándonos la utilidad y el consuelo de la palabra. Porque todos sabemos que a veces, como estos días en Valencia y en la Mancha, simplemente no hay consuelo.
Piensa en un dólar, en cinco dólares, en veinte. ¡Piensa en un millón de dólares! Imposible no sentir que se está ante algo más que dinero.
En mi departamento aparecen cosas que no son mías. Hace un par de años fueron unas medias de hombre extrañísimas. Llegaban hasta las rodillas y el pie era, al menos, de la talla 46.
Dicen que el día más triste del año fue el pasado 19 de enero. Era lunes y comenzaba Ingrid, la novena de las 17 borrascas del invierno. Lo del día más triste me parece bastante arbitrario. Pero sí estoy seguro de que hoy es el día más estúpido del año. Para ser más exactos, la noche más estúpida. Esta madrugada adelantamos el reloj y nos ponemos con dos horas de adelanto sobre el sol. Un disparate.