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En los anuncios de comparadores de precios siempre sale uno listo y uno tonto. El listo, alto y estiloso, ha conseguido pagar menos por cada noche de hotel; el tonto, el que se ha quedado sin rebaja, suele ser fondón y con cara de bobo. Es un poco como lo de los payasos: el payaso listo, el payaso tonto. Ahora los payasos tontos se presentan ante el electorado y salen vencedores. Nigel Farage, agarrado como a una boya a su pinta de cerveza, ganó el referéndum del Brexit. Donald Trump ganó sus presidenciales con sus bailecitos ridículos y la cabeza pintada de naranja. Javier Milei ganó las suyas disfrazado de demonio de Tasmania con el pelazo de Calamaro y la motosierra.
Soledad Gallego-Díaz reflexiona sobre una feria de armamentos celebrada en África, el lugar del mundo con más enfrentamientos armados
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre la tendencia de Europa hacia la ultraderecha.
Salió ya por fin la sentencia de condena al Fiscal General del Estado. Lo primero que hay que señalar es que es una sentencia bien trabajada que probablemente no convencerá a muchos. El Tribunal Supremo no ha concedido demasiada fiabilidad a las propias declaraciones del Fiscal General del Estado y considera "muy relevante" el borrado de los móviles y el correo. También ha destacado el valor de la testifical de personas como la Fiscal Lastra. En cualquier caso, la sentencia analiza muy detenidamente todas las cuestiones.