SER Podcast
La vida te sonríe, pero cuatro meses, hasta que te empieza a doler un brazo y te descubren un cáncer de pulmón. En ese minuto eliges ser otra persona.
Solo ha pasado un año desde que Trump volvió a la Casa Blanca. El mundo ha cambiado tanto que produce vértigo recordar la rapidez con la que el presidente de Estados Unidos ha dinamitado el orden internacional. Estados Unidos no acepta socios, son rivales o vasallos. Importa la ley del más fuerte. Habla a las claras del petróleo, del dinero, de sus propios intereses, le dan igual la democracia y los derechos humanos. Es tan clara la amenaza para Europa que sorprende la miopía de la derecha española.
Más allá de la inocencia, los ojos del padre y la madre se llenan de ilusiones y son un compromiso con el futuro. Aunque ya sabemos lo que hay bajo la cabalgata de las Divinas Majestades, la ilusión se mantiene cuando tomamos conciencia de lo que significa nuestro deber de no renunciar a la esperanza.
El problema es ese: que los viejos rockeros nunca mueren y luego pasa lo que pasa. Lo digo por Keith Richards y su artritis, que podría apartar para siempre de los escenarios a los Rolling Stones. ¿Keith Richards? ¿Artritis? Poco me parece, para la vida que se ha pegado. En fin, que a alguien como él una artritis corriente y moliente lo jubile de la música en directo puede que sea uno de los misterios de Fátima. Habrá quien diga que con la artritis de Keith Richards acaba una época dorada.