SER Podcast
Regreso de una exploración de la que ignoro si me habré encontrado conmigo allí, con la que fui allí, con la que quise ser. Toda mirada necesita verse en los demás para recuperar, no diría yo que la inocencia, pero sí la lucidez y el sentido de la realidad. Mi viaje me habrá cambiado o habrá recuperado, como quien se sube a un tren en marcha, mi capacidad de sorpresa, o de conmoción, o de asombro. Tomaos esta columna como una especie de inicio de cuento de suspense. Continuará. Con otros ojos.
Los rusos pusieron al hombre en el espacio. Por inventar, inventaron hasta el móvil. Parecía que los soviéticos iban a comerse el mundo. Y precisamente por eso daban miedo. Estados Unidos logró que una buena parte del mundo lo identificara con ideas atractivas, con la mezcla perfecta de libertad y prosperidad. Si los rusos asustaban, los americanos seducían. Y así se nutrió una corriente de simpatía, que ha durado hasta hoy, cuando parece que quien va a comerse el mundo es Estados Unidos.
Groenlandia es el objeto de deseo de Trump que pone en jaque la cohesión de la OTAN. Nos hemos criado en un mundo donde los buenos, los Estados Unidos, siempre de esos enemigos invisibles como extrañas pandemias. En el ámbito político, siempre se ha demandado que las promesas vengan respaldadas por un presupuesto, pero con Trump, los anuncios vienen seguidos por la fuerza. Del plano nacional, ERC entra hasta las cocinas de La Moncloa para cocinar un acuerdo sobre la financiación para Cataluña.
Joaquín Estefanía reflexiona sobre los gestos humillantes que Trump ha tenido hacia diversos líderes políticos desde la intervención en Venezuela